Las “rosquillas tontas” son las consideradas más antiguas, su receta se remonta a la Edad Media y se denominan así porque solo están compuestas por la masa tradicional. Cuentan que a la mujer de Fernando VI le parecían insípidas, por lo que el cocinero Real decidió añadirles almendra picada y azúcar, y bautizarlas como “rosquillas francesas”.

Por su parte, la receta de las conocidas “rosquillas listas” se debe a la Tía Javiera, una pastelera de Fuenlabrada que solía venderlas en romerías y ferias. Ella le dio un toque distintivo al popular dulce al añadir a la receta tradicional un baño de azúcar y un toque de sabor a limón.